Archivado en: Mi Conejito Napolitano, Conejitos del Pasado Remoto, Conejito Filósofo, Mal de Amores, My Stress Rabbit, Conejita, Mr. Perfect Bunny, Aventuras diarias
El speech es el mismo. Nada más cambia el interlocutor:
—Mi queridÃsima Conejita, entre tu y yo siempre habrá algo que nos una. Bla, bla, bla.
Esa vieja historia del lazo invisible de ‘ombligo a ombligo’, de las tardes de empiernamiento que uno no pasa asà nomás al cajón de los olvidos, de la amistad profunda que se formó, asà por abajito, casi sin darnos cuenta, entre beso y beso. Y hasta por mi infinita e increÃble capacidad de entender que las cosas, un dÃa, asà sin más, se acaban.
Será el sereno, pero siempre, uno a uno, han terminado por regresar. Desde Conejito Filósofo, atormentado amor adolescente que reapareció al paso de muchos años para caminar juntos por las calles neoyorquinas en pleno maratón.
Lo hizo también Mi Conejito Napolitano, meses después de la brutal ruptura, con una cita en la cubanÃsima isla del Caribe. Una cita sólo que nos dejó borrachos de besos, calor y ron.
Y si de cuenta se trata, siguen faltándome dedos para ponerle números a los recuentos con el Conejillo de Miura. Una y otra vez. Algunas con pretexto, en otras ni siquiera hubo necesidad de inventarnos alguno.
¿Qué tal la reaparición de Mr. Perfect Bunny? Después de casi un año de silencio y distancia, un dia sonó mi teléfono. Pasaba que se habÃa dado cuenta del tiempo dejado pasar.
Y asÃ, hace apenas unos dÃas aparecà sentada en un patio, al borde de una fuente colonial y hasta el sol que ese dÃa decidió amanecer bonito. Junto a mÃ, el Conejito de turno, estresadÃsimo, relataba el mismo speech. Casi casi acomodando las comas y los puntos en el mismo lugar.
En algún momento dejé de escucharlo y me limité a mirarle los ojos negros, más negros en los que me he visto. Y esas cejas (cómo dirÃa Papito Bose). ParecÃa tan convencido del argumento como los anteriores. Se habÃa aprendido el guión a la perfección. Una tras otra le salieron las frases, detenidas apenas con alfileres. No tenÃa sentido —como bien tiene la costumbre esta Conejita— contradecir, cuestionar, confrontar. Al fin y al cabo, un dia, dentro de muchos siglos, volverá a sonar mi teléfono. Sólo para medir el espacio que no dejamos entre piel y piel.
