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BUENA VIDA ES… (Playlist: Eros Ramazzotti)

Y sí. Las cosas buenas estan a la vuelta de la esquina. Faltan dos segundos para que esten perfectamente convertidas en realidad en la palma de mis mano. Juro que en cuanto suceda, lo cuento con detalle.

posing_canape.jpgEn tanto, hoy tuve mi primera sesión del Club de Lectura Light y lo que comenzó con el recuento de La Suma de los Días terminó con el analisis tormentoso de nuestros últimos encuentros amorosos: Conejita Judia y Soltera, Miss Bussines Bunny, Conejito Politizado y Conejito Sonrisa Perfecta. Todos tan guapos, tan interesantes, tan armados, y al mismo tiempo, tan solos. Un verdadero desastre, joder. Pero terriblemente divertidos a la hora de buscarnos en el pasado.

En el pasado que, de mi parte, incluye al Conejito PR, al mismo que ayer me topé en un antro en buena compañía y mucho nervio de no saber cómo decirmelo… ja. Incluye también a Mr. Peruvian Bunny que después de meses se aparece en mi teléfono pero me advierte que soy peligrosa para su estabilidad, al Conejillo de Miura y sus misterios y por supuesto, a My Stress Rabbit del que, a estas alturas, no termino de contestarme cómo es que un día comenzó la historia más triste de los últimos tiempos.

El presente en cambio, me pone por ahí al Conejito Tenista, perfecto para subirme la autoestima, el ego y refrescarme la plática de viernes por la noche. Y a Beautiful Bunny para no perder la práctica en la conquista. Poco a poquito, entrenándome a ratos en el arte de tomarnos una botella de vino en pleno lunes, reír sin parar y jurarnos que entre nosotros nunca pasará nada aunque ninguno de los dos se lo crea.

Tras varias horas de repasar aquellos dates que parecen perdidos en un pasado remoto y los nuevos perfectamente metidos en una caja de seguridad, me siento más estable que nunca. Más tranquila. Más zen. Más sana. No sé si es la ausencia del cigarro, del alcohol, el celibato —a punto de concluír— o los proyectos de una vida nueva, pero me gusta esto que miro cada noche en el espejo.

Ilustraciones: Arthur de Pins



CONEJITA ENCUENTRA CONEJITO
Jueves Noviembre 08th 2007, 1:50 pm
Archivado en: Best Friend Bunny, Las Conejitas, Conejita Judia y Soltera, Conejita, Columnita

«Cuando lo conozcas, no volverás a salir de tu casa ni a necesitar un novio», dijo La Judía Solterísima casi como una confesión. Yo, pensé, iba a seguir su consejo a pie juntillas.

En aquella cena empecé a sentirme fuera de lugar. Todas, sin excepción, conocían al famosísimo Rabbit. Habían tenido algún encuentro divertido, exótico o desastroso con él. Movían las manos, lo describían con pelos y señales, reían ruidosamente mientras el mesero buscaba cualquier pretexto para acercarse a la mesa. No quería reconocerlo pero las descripciones sonaban atractivas:
-¿Pero o sea, cómo.. no entiendo… cómo es? pregunté con ingenuidad.
Uff! Maravilloso, decían, como para perder la cabeza. Seguro ya lo has visto.
¡Obvio no! A pesar de haber ido más de una vez a una sexshop no tenía ni idea de cómo era el artefacto este. ¿Cómo demonios la mismísima Conejita de Indias resultaba tan naive?

Al siguiente fin de semana no resistí más. En el desayuno con La Mejor Amiga, liberal e iniciadísima en el tema, lo solté.
-¿Sabes qué es eso del… mmm conejito.. no sé… que vibra?
-¿El Rabbit? casi gritó con todas sus letras. Está buenísimo.
Sin pensarlo un minuto más, llegamos directito a SexEmporium en la Roma. Las enormes vitrinas, rodeadas de neón, con disfraces de camarera y mujer policía, no me estaban ayudando en el asunto.

Titubeé. ¿Qué parte de evitar una sexshop cerca de mis propios rumbos no había entendido? Mi amiga no se detuvo ni un minutito.
Ven, ven, vamos, decía mientras me arrastraba. Miré con rapidez a ambos lados de la calle y entré.

Dentro actué con gran maestría: recorrí los pasillos de disfraces mirándolos como vestidos de diseñador y pasé la mano sobre lubricantes de todos colores y sabores mirando con aires de grandeza.
Ay obvio, este es termoactivo. Eso del calorcito es lo de hoy. dije

Entonces sucedió justo lo que me temía: una señorita de lo más mona se acercó con la típica pregunta
¿Buscabas algo?
Con las mejillas rojísimas intenté contestar como si nada pasara.
Eh no.. estamos viendo… bueno sí… no sé.. me dijeron de una ¿cosa?..
¿Cómo diablos se le decía para seguir siendo políticamente correcta? ¡¿dildo… vibrador… conejito?!
Sonrío casi condescendiente y soltó su letanía casi sin respirar:
«Aquí están los dildos. De este lado están los manuales por si estás empezando, aquí tenemos los que funcionan con pilas para quien le gusta la vibración, los hay pequeños, como de bolsillo, a la izquierda están los de doble función para la estimulación anal, de aquel lado tenemos los aros, las vaginas de látex para tu novio y… ».

Para ese momento yo estaba al borde del paro respiratorio. Joder. ¿Teníamos que hablar del asunto con tanta… familiaridad? ¿Y vamos, si tuviera un novio estaría aquí metida? Chale. Tanta atención me ponía muy nerviosa.

Mientras tanto, mi amiga se divertía horrores tocando todos los productos que tenían un agujerito en la cajita con la leyenda “Try Me”.
Ven ven.. toca.. está buenísimo me decía saltando de aquí para allá
¡Obvio no! Por más que trataba de mantener la compostura, no podía ni pensar en eso de meter el dedo para comprobar si la textura del aparato en cuestión era la adecuada o no.

Finalmente, me enseñó la sección de los Rabbits, que de conejitos y estéticos tenían muy poco. Una tras otra, abrió las cajitas. Falos azules, morados, transparentosos y en su versión natural. Cada uno con un movimiento increíblemente sofisticado.
Rabbit, decía como en clase de Biología, además de vibrar y alcanzar directamente el punto G, tiene unas “orejitas” que estimulan el clítoris.

bd_203v01-post.jpgLo tomé y abrí los ojos como platos. Era enorme, rosa y ¡se movía!. Con más de 20 velocidades dirigía las orejitas, la colita y el cuerpo entero en distintas direcciones al compás de un montón de luces que prendían y apagaban con ritmo de antro. Joder, pensé, a esto sólo le falta la sirena.

Muerta de la vergüenza fui al mostrador. Con cierta impaciencia saqué la tarjeta de crédito. Era tal la prisa que a la hora de ver el voucher no pude ni replicar: ¡$1300 pesos! Tragué saliva y firmé. A ese punto no me iba a poner a buscar algo más baratito.

Con la bolsa negra entre la manos, como con un tesoro robado, llegué a casa. Me senté en la cama y abrí el paquete con la emoción de una quinceañera. Puse las pilas, lo coloqué sobre el buró, apreté un botón y miré curiosa. Se movía mientras destellaba por todos lados. ¿Dónde jodidos iba yo a guardar el juguetito este? No pude evitar pensar en la señora de la limpieza. Arrugué la nariz. Apagué el aparato. Me metí a las sabanas, me tapé y cerré los ojos.
Esta noche no, me dije.
Creo que necesito tiempo para acostumbrarme a la presencia de mi nueva “mascota” en casa.

Ilustraciones: Arthur de Pins

La Conejita no supo cómo justificar el cargo de 1300 de “sexalgo” en el estado de cuenta que su mamá jura que está equivocado.



DANCE, BUNNY HONEY, DANCE DANCE (Playlist: setenterísima Penny McLean)

¡Se festejó! Sí, ¿cómo no? señores. Cómo se debe. Y aún no termino.

Empezó con una felicitación radiofónica muy mañanera. Luego globos y regalitos varios en la oficina. Vamos que, aunque no parezca, a esos niños yo los quiero de veritas. Le siguieron abrazos varios. Comida yucateca en mesa larga larga en donde el tema —cómo no iba a ser— fue la edad y las expectativas amorosas. Y terminó ¿dónde más? en la Covadonga de Todos los Jueves. Tequilas hasta las 3:35 am. Y buenas noches.

Pero si la fiesta apenas empezaba. Le siguió un viernes de pastel, juntas eternas y la preparación para La Gran Noche. Bronceado impecable, pelazo, tacones de vértigo, vestido nuevo —seda absoluta y nada más—. Salí con Best Friend Bunny y Miss Bussines Bunny haciendo el trío perfecto. El antro, nos esperaba.

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Ahí me encontré con los indispensables. Y que venga, que la pista fue sólo mía. Toda la noche, casi eterna. Desde las diez con el primer tequila hasta las siete de la mañana, una botella después. Las historias, en tanto, giraban a mi alrededor. Mientras alzaba los brazos, sacudía el pelo y movía la cadera se me iban resbalando por el vestido ligerito ligerito las penas de antaño. Las de todo un año.

Pasé de brazo en brazo, pegué cadera con cadera, viejos conocidos —y uno que otro nuevo— se unieron al ritmo de mis 33 cargados toditidos en el pecho.

7291.jpgCasi como una bola de espejos setentera, que mientras gira va dejando cuadritos de luz pegados en la pared, así se iban desarrollando historias alrededor.

Unos gozaban de amor. Otros de desamor. Algunos sin tardanza encontraron bocas que dejaran frasecitas pegaditas al oído con saliva, de esas que dejan una sensación calientita abajito del ombligo.

¡Venga, báilele!

Hubo quién se enamoró tres veces en una sóla noche. Y se desenamoró cuatro.

Conejitos Bugas que desaparecieron veloces ante visiones nunca antes vistas. Conejitos bugas que se quedaron curiosos para descubrise mundos nuevos.

¡Salud!

Conejitos que encontraron Conejitos. Conejitas que jugaron a ligarse Conejitas. Conejitos Gays enganchados de Conejitas Bugas.

—Brindis: «qué éste sea el peor día de los que vendrán con el nuevo año» ¡Eso, joder!

Como destellos, historias saltarinas que nacieron, crecieron y murieron sacudiéndose entre los pliegues de mi vestido. Entre la música que me retumbaba en los oidos y la cabeza dando vueltas me detuve un segundito y miré por la ventana.

—«Lo tengo todo» me dije. Y sólo, por un instante, extrañé dos grandes ausencias.

Cuando el cielo sobre Reforma se pintó de rosa llegó la hora de partir. Con los pies más adoloridos que nunca y dos —bueno tres— hotdogs en el estómago llegamos a casa.

Eramos otra vez, las tres. Básicas, indispensables, cómplices. Reíamos como estúpidas, mientras los transeúntes mañaneros nos miraban de reojo. Zapatos en mano y recuento de los recuentos de la noche llegamos a mi cama. Como adolescentes en viaje de fin de año, nos quitamos la fiesta de encima sin parar de reír. Caímos como plomo sobre las sábanas blancas, rendidas.

—«Las quiero —pensé pero no atiné a decirlo—. Gracias por estar».

No sé en qué momento nos quedamos dormidas.

Ilustraciones: Jason Brooks 



CORTE DE CAJA

newstar_8.jpgTodavía no veleo, pero no falta tanto. En cambio, me pasé horas en la mesa con esas dos: Conejita Judia y Soltera y Bombón Bunny. Cada una compartiendo una historia igual o peor que la mía (confieso que la de Bombón esta vez me superó!). Un verdadero guion de telenovela a la Muchachitas.

En mi turno del recuento hice un corte de caja de los últimos meses. Pasé del Conejito de Miura a Conejito Probable Ideal pasando por el Conejito PR, no faltó Mr. Peruvian Bunny y rematando con un recuento nada veloz de la historia completa de My Stress Rabbit. Y quién más tenga, que más le acumule.

De regreso a casa me pasó una vez más: al alzar el teléfono para quedar con el Conejito Marinero en la cosa de la veleada me encontré con que en la contestadora estaba la voz de un nuevo Conejito: Next Door Bunny, con una invitación a salir. Se trata del mismo que dejó su teléfono escrito sobre el polvo de mi parabrisas. No pude más. Se me hizo un nudo en el estómago y comencé a llorar.

¿Cuántos más? pensé. ¿Cuántos más me faltan para encontrar a The One?

Han pasado varias horas, tengo los ojos rojos y ni idea de dónde encontrar la respuesta.