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LA VIDA NO VALE NADA (Playlist: José Alfredo Jiménez)
Miercoles Agosto 01st 2007, 1:14 am
Archivado en: Conejito Gurú, Aventuras diarias

Sonó el teléfono y del otro lado la voz indicaba emergencia:

—Se acabó, dijo Conejito Gurú.

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Era hora de correr y encontrarnos en un cafecillo. Un amigo me necesitaba. A pesar de la lluvia, salí en chanclas y tratando de ponerme un suetercillo ligero. El tiempo apremiaba. Ya en el auto, la cabeza trabajó a mil pensando en las palabras correctas.

¿Qué demonios le iba a decir yo a mi Conejito Gurú sobre el (des)amor? ¿Qué diablos sabía yo de cómo se recupera uno de una ruptura de ese tamaño? ¿Qué le reclamas a la última pareja conocida que te había hecho creer que el amor eterno existe? Lo único que podía aportar era la experienca —mucha, tanta— en caídas, remiendos y raspones.

Ya sentados en el café guardé silencio mientras él hacía el recuento de los daños como diría mi bien amada Señorita Trevi de los Amores Tormentosos.

Reconocí una a una las sensaciones. La del presentimiento de que una bomba está por caer. La de la conciencia de una pendeja ingenuidad que después de varios años y una casa recién comprada, nos hace creer que la historia durará por siempre. La de la angustia que nos despierta por las noches sabiendo que el que duerme junto se está yendo irremediablemente y no basta abrazarlo fuerte y por la espalda para detenerlo. La de la pérdida suavecita que se acerca despacito y de puntitas, casi sin hacer ruido. La de la terrible ansiedad que nos hace medir cada palabra para no desdencadenar una conversación que ya sabemos dónde irá a terminar. La de la irremediable llegada del final, aún con todo el esfuerzo sobrehumano por detener las aguas. La del estruendo ocasionado por el quiebre del corazoncito, estrellándose contra el piso casi en cámara lenta. La de la desesperación de tirarse al piso buscando los pedacitos bajo los muebles intentando —infructuosamente— volver a armar el rompecabezas amoroso. La del abandono que nos aprieta el esternón impidiéndonos respirar normalmente. La de la impotencia resbalando en dos tremendos lagrimones que parecen tener vida propia y no hacer caso a ningún mandamiento de nuestra parte más racional.

Reconocí, vamos, el proceso atascado de impotencia del último adiós. Ese mismo dónde estuve hace unos poquitos días y que ya parecen tantos siglos.

Lo miré con los ojos llenos de agua, casi tanto como los suyos, lo rodeé con los brazos fuerte fuerte, metí la cabeza entre su hombro y cuello, puse mi boca junto a su oído y rompí el silencio.

—Lo peor, dije, es que esto también va a pasar.

Ilustraciones: Jordi Labanda 



DANCE, BUNNY HONEY, DANCE DANCE (Playlist: setenterísima Penny McLean)

¡Se festejó! Sí, ¿cómo no? señores. Cómo se debe. Y aún no termino.

Empezó con una felicitación radiofónica muy mañanera. Luego globos y regalitos varios en la oficina. Vamos que, aunque no parezca, a esos niños yo los quiero de veritas. Le siguieron abrazos varios. Comida yucateca en mesa larga larga en donde el tema —cómo no iba a ser— fue la edad y las expectativas amorosas. Y terminó ¿dónde más? en la Covadonga de Todos los Jueves. Tequilas hasta las 3:35 am. Y buenas noches.

Pero si la fiesta apenas empezaba. Le siguió un viernes de pastel, juntas eternas y la preparación para La Gran Noche. Bronceado impecable, pelazo, tacones de vértigo, vestido nuevo —seda absoluta y nada más—. Salí con Best Friend Bunny y Miss Bussines Bunny haciendo el trío perfecto. El antro, nos esperaba.

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Ahí me encontré con los indispensables. Y que venga, que la pista fue sólo mía. Toda la noche, casi eterna. Desde las diez con el primer tequila hasta las siete de la mañana, una botella después. Las historias, en tanto, giraban a mi alrededor. Mientras alzaba los brazos, sacudía el pelo y movía la cadera se me iban resbalando por el vestido ligerito ligerito las penas de antaño. Las de todo un año.

Pasé de brazo en brazo, pegué cadera con cadera, viejos conocidos —y uno que otro nuevo— se unieron al ritmo de mis 33 cargados toditidos en el pecho.

7291.jpgCasi como una bola de espejos setentera, que mientras gira va dejando cuadritos de luz pegados en la pared, así se iban desarrollando historias alrededor.

Unos gozaban de amor. Otros de desamor. Algunos sin tardanza encontraron bocas que dejaran frasecitas pegaditas al oído con saliva, de esas que dejan una sensación calientita abajito del ombligo.

—¡Venga, báilele!

Hubo quién se enamoró tres veces en una sóla noche. Y se desenamoró cuatro.

Conejitos Bugas que desaparecieron veloces ante visiones nunca antes vistas. Conejitos bugas que se quedaron curiosos para descubrise mundos nuevos.

—¡Salud!

Conejitos que encontraron Conejitos. Conejitas que jugaron a ligarse Conejitas. Conejitos Gays enganchados de Conejitas Bugas.

—Brindis: «qué éste sea el peor día de los que vendrán con el nuevo año» ¡Eso, joder!

Como destellos, historias saltarinas que nacieron, crecieron y murieron sacudiéndose entre los pliegues de mi vestido. Entre la música que me retumbaba en los oidos y la cabeza dando vueltas me detuve un segundito y miré por la ventana.

—«Lo tengo todo» me dije. Y sólo, por un instante, extrañé dos grandes ausencias.

Cuando el cielo sobre Reforma se pintó de rosa llegó la hora de partir. Con los pies más adoloridos que nunca y dos —bueno tres— hotdogs en el estómago llegamos a casa.

Eramos otra vez, las tres. Básicas, indispensables, cómplices. Reíamos como estúpidas, mientras los transeúntes mañaneros nos miraban de reojo. Zapatos en mano y recuento de los recuentos de la noche llegamos a mi cama. Como adolescentes en viaje de fin de año, nos quitamos la fiesta de encima sin parar de reír. Caímos como plomo sobre las sábanas blancas, rendidas.

—«Las quiero —pensé pero no atiné a decirlo—. Gracias por estar».

No sé en qué momento nos quedamos dormidas.

Ilustraciones: Jason Brooks 



NENE ¿QUÉ VAS A SER? CUANDO SEAS GRANDE (Playlist: M. Mateos)
Jueves Abril 05th 2007, 9:44 pm
Archivado en: Conejito Gurú, My Stress Rabbit, Conejillo de Miura, Aventuras diarias

dibuix76.jpg¿Han oido alguna vez eso de “por el momento, mi prioridad es mi trabajo“?

Pues seguro a mi me lo han dicho más de tres veces, esos Conejitos workaholicos de los que encuentro gusto enamorarme. Y siempre pensé, con angustia, que semejante frase no era más que una sutil manera de mandarme directito a la chingada, suavecito pero sin escalas.

Y ahora resulta que, con tanto galán intermitente a la redonda, se ha convertido en mi frase favorita. La voy repitiendo a diestra y siniestra como si fuera un mantra. Confieso, hay unos a los cuales ni siquiera remordimiento de conciencia me causa, repetirles la famosa frasecita. Pero hay otros, unos cuantos, bueno creo sólo uno con el que el corazón se me hace chiquito y me asusta estar posponiendo esa increible posibilidad (¡por fin!) de ser feliz.

Y yo no sé que me pasó (cómo diría el Buen JuanGa de los Palenques) pero ya hasta traté el punto con mi Conejito Gurú en terapia. Me escuchó, como siempre, atropellarme las palabras para contarle de uno y de otro.

De lo feliz y a la vez impotente que me siento ante My Stress Rabbit, con sus miles de fronteras imposibles de cruzar y yo, con la infinita necedad (que me caracteriza) de enseñarle que la vida se vive mejor de este lado del horizonte. Una partida perdida aún antes del primer saque.

De lo culpable que me siento ante la perfección de Conejito Probable Ideal. Un conejito que increíblemente, cumple con la laaarga lista de requisitos imposibles en la que durante años me he ocultado. ¿Y ahora qué? ¿Por qué chingaso soy yo la que quiere echarse a correr pa’l otro lado?

De lo extraña que me pongo al leer en el msn al mismísimo Conejillo de Miura, hoy consciente de “la profundidad de nuestros sentimientos” y de nuestra eterna conexión “ombligo con ombligo”. Ah pero eso si, sin olvidar cerrar sus discursos con el clásico:
—”pero sé que tú y yo nunca podríamos estar juntos por nuestro carácter”. En otras palabras, y si mi intuición no se equivoca, querría decir “chiquita, extaño nuestros empiernamientos pero de andar ni hablamos”.

Y yo de andar ni hablo, ni pienso, ¡ni imagino, vamos!

En fin, será el sereno, pero en este proceso de balance, voy colocand a cada uno de esos conejitos —lágrimas incluídas— en su justo lugar. Y me asusta, pensarme así, tan plena y tan serena. Sin la absoluta necesidad de una relación, como si me hubiera dado por vencida. Como si a fuerza de intentos hubiera entendido que conmigo no va. O no por el momento. O no por ahora. O no, nunca. Sin prisa, sin miedo, sin angustia.

Es como si una mañana hubiera despertado lejos, lejos, tan lejos del amor que siempre esperé. Y tan cerca de la imagen de mi misma que dibujé cuando era chiquita. Esa que veía en las revistas. Así.. triunfadora, trabajadora, autosuficiente, capaz…. Y bien sola.