SOMOS LOS MISMOS, ENVUELTOS EN NOVEDAD… (Playlist: Miguel Bosé)
Ok bueno sí. Aquí ando. Medio bipolar pero ando. Y es que, ahora sí tengo la cabeza, corazón y tripas partidas en dos.

Por un lado (digo yo era hora), se acabó aquello del voto de castidad. Y sí. Con todo lo bueno que la experiencia dejó, ahora estamos de vuelta en eso de los empiernamientos que tan bien que nos caen cuando es el caso. Y el caso es ahora. Tranqui, libre, ligera -no tanto como quisiera-, sonrientota y divertida. Eso es lo que digo yo, buena vida joder. Ya en su momento hablaré del Gymmate Bunny que harto merito tiene en toda esta historia.
Y por otro, traigo apachurrados los sentimientos. Un enojo más, una despedida más, un teléfono que se cuelga violentamente. El viejo (por decir) Conejito de siempre que se va aún cuando no estaba. Y yo, reconozco, me siento triste adentrito. Pero sobre todo cansada, muy muy cansada de no entender -una vez más- qué nos falló esta vez.
Así pasa.
Ilustraciones: Arthur de Pins
¿QUIÉN DIRÍA? (Playlist: Arjona)
Cuando una tonta Coneja como yo, pensaba que se comía el mundo de un bocado, ‘que llega y que entra’ un Conejito que de irreverente lo tiene todo. Que se cree que lo puede todo nomás por aquello de conocerme desde que ni siquiera tenía orejitas y colita de peluche. Y si que lo puede. Uno que me gritó en mi cara la tonta, superficial y vacía que estaba siendo. Uno que me recordó que las cosas verdaderamente importantes no están en el Facebook. Uno que a cada palabra no hacía más que arrebatarme un lagrimón silencioso y darme un golpe seco y aturdidor en la sien.
Y ahora, con las orejitas gachas, intento retomar el camino allá, allá donde me había quedado.
BUENA VIDA ES… (Playlist: Eros Ramazzotti)
Lunes Marzo 17th 2008, 1:54 am
Archivado en:
Miss Bussines Bunny,
Las Conejitas,
Beautiful Bunny,
Gymmate Bunny,
Mr. Peruvian Bunny,
Conejita Judia y Soltera,
My Stress Rabbit,
Conejito PR,
Conejitos Varios,
Conejillo de Miura
Y sí. Las cosas buenas estan a la vuelta de la esquina. Faltan dos segundos para que esten perfectamente convertidas en realidad en la palma de mis mano. Juro que en cuanto suceda, lo cuento con detalle.
En tanto, hoy tuve mi primera sesión del Club de Lectura Light y lo que comenzó con el recuento de La Suma de los Días terminó con el analisis tormentoso de nuestros últimos encuentros amorosos: Conejita Judia y Soltera, Miss Bussines Bunny, Conejito Politizado y Conejito Sonrisa Perfecta. Todos tan guapos, tan interesantes, tan armados, y al mismo tiempo, tan solos. Un verdadero desastre, joder. Pero terriblemente divertidos a la hora de buscarnos en el pasado.
En el pasado que, de mi parte, incluye al Conejito PR, al mismo que ayer me topé en un antro en buena compañía y mucho nervio de no saber cómo decirmelo… ja. Incluye también a Mr. Peruvian Bunny que después de meses se aparece en mi teléfono pero me advierte que soy peligrosa para su estabilidad, al Conejillo de Miura y sus misterios y por supuesto, a My Stress Rabbit del que, a estas alturas, no termino de contestarme cómo es que un día comenzó la historia más triste de los últimos tiempos.
El presente en cambio, me pone por ahí al Conejito Tenista, perfecto para subirme la autoestima, el ego y refrescarme la plática de viernes por la noche. Y a Beautiful Bunny para no perder la práctica en la conquista. Poco a poquito, entrenándome a ratos en el arte de tomarnos una botella de vino en pleno lunes, reír sin parar y jurarnos que entre nosotros nunca pasará nada aunque ninguno de los dos se lo crea.
Tras varias horas de repasar aquellos dates que parecen perdidos en un pasado remoto y los nuevos perfectamente metidos en una caja de seguridad, me siento más estable que nunca. Más tranquila. Más zen. Más sana. No sé si es la ausencia del cigarro, del alcohol, el celibato —a punto de concluír— o los proyectos de una vida nueva, pero me gusta esto que miro cada noche en el espejo.
Ilustraciones: Arthur de Pins
MI PEOR ERROR (Playlist: La 5a. estación)
—¿Cuál ha sido tu peor error? me preguntó.
Digo yo. ¿Qué no somos las mujeres las que preguntamos esas cosas incómodas después del empiernamiento?. Pues no. Ahora fue el susodicho, cuando aún estabamos relajaditos con una gran gran pantalla enfrente, un gran gran jacuzzi, aceititos varios y unas grandes, grandes ganas de quedarnos abrazaditos. Chale, no había remedio: tenía que contestar.
Lo pensé 3 segundos exactos y dije sin chistar:
—El de Houston.
Pasaron varios minutos en silencio, una ligera tensión se sentía en el aire y cuando creía que había pasado en calma el momento delicado, preguntó asi como no queriendo la cosa:
—¿Aún lo extrañas?
Ahí sí me rendí. No pude más. Estaba yo tomando aire para respirar muy dueña de la situación cuando, como tormenta tropical, los ojos se me inundaron. No, no pensé. No ahora. Pero por más que pestañeé rapidísimo mientras recordaba mis ejercicios de respiración zen, tremendos lagrimones se me escaparon al momento y rompí en llanto, cual chiquilla a la que le acaban de arrebatar su juguete preferido. Esto ha sido llorar en serio. No pude decir nada. Uhquela, pensé. Sólo eso me faltaba para romper el encanto. No sé cuánto tiempo me perdí entre sollozos de eso que te salen directito de la boca del estómago. Esos que te saltan por detrás y se te cuelgan del cuello y no se bajan por más que te sacudes.
Él no hacía más que acariciarme el pelo y pedir disculpas. Y yo, con el estúpido nudo atravesado en la garganta que no lograba explicarle. Seguro porque ni yo sabía lo que estaba pasando. Seguro pensaría que estoy loca (y bueno sí, un poco).
Claro que no, quería decirle. Obvio no lo extraño. Obvio el asunto acabó hace meses. Obvio lo tengo superadísimo. Obvio… que aún me duele. Obvio… obvio.. obvio un carajo.
El resto fue poco menos desastroso: creo que hasta me sentí aliviada. Era lo único que me faltaba. Hablarlo con él y llorar fuerte y con ruido, con los ojos rebosados de lágrimas, con la nariz escurriendo, mojando los cojines. Y yo que no quería reconocerlo: sí, punto, lo de Houston fue el más grande error de mi vida. Y ese, vamos —historias van, historias vienen— me lo llevo en la conciencia. Y hoy, vamos —historias vienen, historias van— estamos en un nuevo punto de partida.
Ilustraciones: Maitena
DESPIERTAME CUANDO PASE EL TEMBLOR (Playlist: Soda Stereo)
La Conejita tiene miedo. He dicho.
Tiene un miedo chiquito que la despierta de madrugada, un hueco en la boca del estómago, un presentimiento de esos a los que una nunca les hace caso.
Miedo de tanta tranquilidad aparente. Del amor amorosísimo. Me suena al mar en calma chicha. Me suena a los perros aullando antes de un temblor.
Confirmo: La Conejita tiene miedo. La cosa que no está confirmada es bien de qué.
Ilustraciones: Arthur de Pins
QUIERO DORMIR CANSADO (Playlist: Emmanuel)
El pretexto fue un café. Llegué corriendo al local de siempre y ya me esperaba. Nos sentamos y pedimos lo de siempre. Un caffe latte para mí, un espresso para él. No habían pasado diez minutos cuando con el pretexto de padecer de un sueño profundo, decidimos irnos.
—¿A tu casa o a la mía? pregunté sarcástica, sabiendo que la primera no era siquiera una posibilidad.
Al subir las escalera platicabamos de cualquier tontería. Nerviosos. Habían pasado tantos días convertidos en siglos desde la última vez que subimos esos escalones. Tras dos intentos, logré meter la llave en la cerradura. Me estaba jugando la estabilidad de los próximos mil años.
Dejamos las cosas y con paso ligeramente apresurado llegamos a la habitación. De reojo, noté cómo empezó a desabotonar la camisa. Supongo que notó mi sorpresa.
—¿Me prestas algo más cómodo? dijo casi apenado.
Sin zapatos y con la camiseta rosa mexicano sonrió y se tumbó en la cama. Me deshice de los tacones, estiré la frazada y me acosté a su lado. Como si nada hubiera pasado estabamos ahí, los dos, uno frente al otro, bien metiditos bajo el sarape. Hablabamos casi con prisa.
La inercia natural hizo que mis pies se metieran en medio de los suyos, su muslo se enganchó con el mío como tratando de recordar aquella mejor manera de ocupar el mismo espacio, deslizo su brazo bajo mi nuca y dejamos que su nariz rozara la mia. Cerré los ojos y aspiré su aliento. Estaba a punto de caer.
La memoria me traicionó y el estómago se me hizo chiquito al reconocer como mío ese olor de hace tantos siglos.
Abrí los ojos, parpadeé mientras me miraba fijamente. Reconocí el color de sus ojos, las cejas despeinadas, el color de su piel y la mueca de lado. Sonrió y murmuró un tequiero como sin darse cuenta, como no queriendo. No respondí.
Acomodé la cabeza y me quedé dormida durante casi dos horas. Me perdí entre los brazos del Conejito que quizá mejor me conoce en todo el mundo mundial. Y al que, en ese momento, estaba desafiando.
Cuando abrí los ojos estaba poniendose de nuevo la camisa. Amarró las agujetas de sus zapatos y se dirigió a la puerta. Quiso decir algo pero se lo impedí. Me giré en la cama, subí la frazada hasta el cuello y le sonreí. Lo miré alejarse sin decir palabra. Oí el sonido de la puerta al cerrarse. Y me sentí aliviada ante su ausencia.
Su segura servidora, La Conejita de Indias había pasado la prueba de fuego: el Conejito de Miura ya no haría daño porque esta vez fui yo quién no quiso detenerlo.
Ilustraciones: Jordi Labanda
NENE ¿QUÉ VAS A SER? CUANDO SEAS GRANDE (Playlist: M. Mateos)
¿Han oido alguna vez eso de “por el momento, mi prioridad es mi trabajo“?
Pues seguro a mi me lo han dicho más de tres veces, esos Conejitos workaholicos de los que encuentro gusto enamorarme. Y siempre pensé, con angustia, que semejante frase no era más que una sutil manera de mandarme directito a la chingada, suavecito pero sin escalas.
Y ahora resulta que, con tanto galán intermitente a la redonda, se ha convertido en mi frase favorita. La voy repitiendo a diestra y siniestra como si fuera un mantra. Confieso, hay unos a los cuales ni siquiera remordimiento de conciencia me causa, repetirles la famosa frasecita. Pero hay otros, unos cuantos, bueno creo sólo uno con el que el corazón se me hace chiquito y me asusta estar posponiendo esa increible posibilidad (¡por fin!) de ser feliz.
Y yo no sé que me pasó (cómo diría el Buen JuanGa de los Palenques) pero ya hasta traté el punto con mi Conejito Gurú en terapia. Me escuchó, como siempre, atropellarme las palabras para contarle de uno y de otro.
De lo feliz y a la vez impotente que me siento ante My Stress Rabbit, con sus miles de fronteras imposibles de cruzar y yo, con la infinita necedad (que me caracteriza) de enseñarle que la vida se vive mejor de este lado del horizonte. Una partida perdida aún antes del primer saque.
De lo culpable que me siento ante la perfección de Conejito Probable Ideal. Un conejito que increíblemente, cumple con la laaarga lista de requisitos imposibles en la que durante años me he ocultado. ¿Y ahora qué? ¿Por qué chingaso soy yo la que quiere echarse a correr pa’l otro lado?
De lo extraña que me pongo al leer en el msn al mismísimo Conejillo de Miura, hoy consciente de “la profundidad de nuestros sentimientos” y de nuestra eterna conexión “ombligo con ombligo”. Ah pero eso si, sin olvidar cerrar sus discursos con el clásico:
—”pero sé que tú y yo nunca podríamos estar juntos por nuestro carácter”. En otras palabras, y si mi intuición no se equivoca, querría decir “chiquita, extaño nuestros empiernamientos pero de andar ni hablamos”.
Y yo de andar ni hablo, ni pienso, ¡ni imagino, vamos!
En fin, será el sereno, pero en este proceso de balance, voy colocand a cada uno de esos conejitos —lágrimas incluídas— en su justo lugar. Y me asusta, pensarme así, tan plena y tan serena. Sin la absoluta necesidad de una relación, como si me hubiera dado por vencida. Como si a fuerza de intentos hubiera entendido que conmigo no va. O no por el momento. O no por ahora. O no, nunca. Sin prisa, sin miedo, sin angustia.
Es como si una mañana hubiera despertado lejos, lejos, tan lejos del amor que siempre esperé. Y tan cerca de la imagen de mi misma que dibujé cuando era chiquita. Esa que veía en las revistas. Así.. triunfadora, trabajadora, autosuficiente, capaz…. Y bien sola.
CORTE DE CAJA
Sábado Marzo 10th 2007, 8:36 pm
Archivado en:
Bombón Bunny,
Conejita Judia y Soltera,
Mr. Peruvian Bunny,
Las Conejitas,
Conejito Marinero,
Conejitos Varios,
Conejito PR,
Conejillo de Miura,
My Stress Rabbit,
Next Door Bunny,
Conejito Probable Ideal,
Aventuras diarias
Todavía no veleo, pero no falta tanto. En cambio, me pasé horas en la mesa con esas dos: Conejita Judia y Soltera y Bombón Bunny. Cada una compartiendo una historia igual o peor que la mía (confieso que la de Bombón esta vez me superó!). Un verdadero guion de telenovela a la Muchachitas.
En mi turno del recuento hice un corte de caja de los últimos meses. Pasé del Conejito de Miura a Conejito Probable Ideal pasando por el Conejito PR, no faltó Mr. Peruvian Bunny y rematando con un recuento nada veloz de la historia completa de My Stress Rabbit. Y quién más tenga, que más le acumule.
De regreso a casa me pasó una vez más: al alzar el teléfono para quedar con el Conejito Marinero en la cosa de la veleada me encontré con que en la contestadora estaba la voz de un nuevo Conejito: Next Door Bunny, con una invitación a salir. Se trata del mismo que dejó su teléfono escrito sobre el polvo de mi parabrisas. No pude más. Se me hizo un nudo en el estómago y comencé a llorar.
–¿Cuántos más? pensé. ¿Cuántos más me faltan para encontrar a The One?
Han pasado varias horas, tengo los ojos rojos y ni idea de dónde encontrar la respuesta.
ESO YA LO VIV?
Si siempre lo he dicho, cruzar la ciudad tan sólo para encontrarse con un ex es una de las experiencias urbanas a la que ninguna Conejilla debería someterse.
Pero ahí te voy, cómo no, a las siete de la noche en pleno insurgentes para llegar a un starbucks (que ya de por sí, no son los niños de mis ojos). El recorrido desde el profundo poniente hasta esas zonas sureñas incluía, obvio, el tráfico en hora pico. Llegué radiante. Vestido chairo, taconísimos y super pelazo. Y ahí estoy, muy guapa y sentada, espere.. y espere.. y espere.. y espere..
De pronto llegó. Esta vez, hay que decirlo el Conejillo de Miura se retrasó “sólo? 18 minutos. Practicamente se desplomó en la silla. Me miró y sonrío. ¡Joder! ¿Siempre se habrá sabido encantador?
Habló poco y por supuesto, yo no cerré la boca. Exactamente 43 minutos y un chai latte duró la cita. Después de varios intentos inutiles por mantener una conversación coherente, ofreció una próxima vez.
Terminó mal y cada uno salió por su lado. Lo vi alejarse por la acera con ese ‘tumbao que tienen los guapos al caminar’ cual buen Pedro Navajas.
Abrí la puerta del auto con la firme convicción de que no había más que decir. No hoy, ni una próxima vez… hacía meses –quizá años– que habíamos acabado con las últimas palabras. En ese momento sonó el teléfono.
–Te invito a comer la próxima semana.. anda.. ya no te enojes... dijo.
Aseguró que entonces diríamos todo aquello que nos queda por decir.
CONFUSIONES VARIAS
Digo, no es novedad que la Conejita se confunda, pero lo raro es que esta vez, me lo tome con tranquilidad chicha.
Llevo varios días sola, sola, sola de amores. Digamos que estamos en receso de besos, empiernamientos y cariñitos varios. Y yo, tan tranquila… o casi. Unos van, otros vienen pero no hay uno que quiera que se quede.
Resulta que hasta aquel Stress Bunny, importante de las épocas navideñas, se ha convertido a paso vertiginoso en una reproducción de lo que tanto me temía: chispazos de enamoramiento que desaparecen cuando cierra la puerta detrás de él.
Digo, tampoco es que esté loca, según mi razonamiento más complicado se trata de un simple mecanismo de defensa: él le huye al ‘amarre’ pues lo ponemos bien desamarrado junto a todos los demás. Desapareció pues la ‘dichosa conejita navideña de un sólo hombre’. Ohquela, digo yo!
Será por eso, que encuentro casi cada mañana con gusto el mail del Conejito Vagabundo. Cada vez con líneas más confusas, enredadas y yo divirtiendome en desenmarañar una historia sin pies ni cabeza.. ni futuro. Joder!
Y por si fuera poco… sucedió.
Sí, sí, sucedió. Con el Conejillo de Miura o Forevereado como diría Pepe ¿Cómo fue?.. no quiero ni pensarlo. El punto es que quedamos en una cita, como esas de entonces. Pusimos lugar y hora de un día de una próxima semana. Y yo ya sé cómo sucederá: llegaremos los dos. Yo más puntual que él, como siempre. Y como siempre nos tomaremos un café mirándonos a los ojos. Seguramente empezaremos con el tono frío que pide contarnos un poco de estos meses. Seguramente nos despediremos con un abrazo fuerte, pegará sus labios a mi oido y yo esconderé mi nariz en su cuello. Tardaremos más de tres minutos en separarnos… Lo demás, a más de seis años de repetir la historia, aún no lo sé.