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YA LO PASADO.. ¿PASADO? (Playlist: José José)
Jueves Junio 05th 2008, 7:11 pm
Archivado en: Best Friend Bunny, Conejitos del Pasado Remoto, My Stress Rabbit, Mr. Perfect Bunny

Yo lo digo y lo confirmo: los astros están conspirando en mi contra (tal vez favor). Tras la aparición de Conejito Jeepero, los otros conejitos y conejitas del pasado salieron de la madriguera para plantárseme enfrente.wombat4.jpg

Empecemos con el TV Bunny. Ahora tan propio frente a las cámaras, tan seriecito que se ve.. y mira nomás, apareciéndo para buscar un encuentro. Por cierto, fallido. Sus horarios, mis compromisos nomás no nos han hecho encontrar la cuadratura. Por ahí apareció después de varios meses la Conejita Comeflores, harto pacheca llegó a mi casa. Y harto pacheca comenzó la conversación: el pasado muy pasado, el pasado apenas pasado, su vida amorosa —rebien resuelta oigame—, mi vida amorosa —hecha un desmadre—, nuestros mundos.. y ahí vino el atorón:

—«Lo que tienes que hacer es salirte de ese mundo aspiracional en el que vives. Buscar en otros ambientes».

Joder. Eso no sonó facil. Años matándome para dedicarme a la cosa de la tendencia, para que ahora me digan que la tendencia es una jodidez. No lo sé de cierto.

Dos días después, reapareció algo mejor aún. La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. Ja. Esa misma de hace ¿30? ¿28? años. Esa de la escuela, la barda, la pubertad, la adolescencia y varias dolencias más. Pasamos el dia juntas y con tan poco que reclamarnos. La ví luminosa, linda, tranquila. Fuera de una mala historia. Vamos parejas. Y metida en una que —si no espectacular— es sana. Ella va un pasito adelante. Y con muchos, hartos planes de vida. Iguales.

Y ya como si no bastara, la noche terminó cantineando. Lo primero que vi al cruzar la puerta fue su cara. Se me cortó un poquito la respiración. Ahí estaba My Stress Rabbit. A un año… un año ibamos a sentarnos en la misma mesa. Caminé más despacio. Esbozé mi mejor sonrisa. Saludé y me pegué al hombro de Mr. Perfect Bunny. Estabamos los tres, como en los viejos tiempos, pero sin las viejas historias. ¡Cuánto joder, joder, joder, nos ha pasado a los tres en este año! Salí varias horas después, tres tequilas encima y más tranquila que nunca. La Conejita Jefa diría sabiamente:

—«El tiempo lo cura todo».
Curada estoy. No sé, ahora sí que de cierto, si estos del pasado regresaron para quedarse o nomás para enseñarme algo. Yo, sigo aprendiendo.



CONEJITA ENCUENTRA CONEJITO
Jueves Noviembre 08th 2007, 1:50 pm
Archivado en: Best Friend Bunny, Las Conejitas, Conejita Judia y Soltera, Conejita, Columnita

«Cuando lo conozcas, no volverás a salir de tu casa ni a necesitar un novio», dijo La Judía Solterísima casi como una confesión. Yo, pensé, iba a seguir su consejo a pie juntillas.

En aquella cena empecé a sentirme fuera de lugar. Todas, sin excepción, conocían al famosísimo Rabbit. Habían tenido algún encuentro divertido, exótico o desastroso con él. Movían las manos, lo describían con pelos y señales, reían ruidosamente mientras el mesero buscaba cualquier pretexto para acercarse a la mesa. No quería reconocerlo pero las descripciones sonaban atractivas:
-¿Pero o sea, cómo.. no entiendo… cómo es? pregunté con ingenuidad.
Uff! Maravilloso, decían, como para perder la cabeza. Seguro ya lo has visto.
¡Obvio no! A pesar de haber ido más de una vez a una sexshop no tenía ni idea de cómo era el artefacto este. ¿Cómo demonios la mismísima Conejita de Indias resultaba tan naive?

Al siguiente fin de semana no resistí más. En el desayuno con La Mejor Amiga, liberal e iniciadísima en el tema, lo solté.
-¿Sabes qué es eso del… mmm conejito.. no sé… que vibra?
-¿El Rabbit? casi gritó con todas sus letras. Está buenísimo.
Sin pensarlo un minuto más, llegamos directito a SexEmporium en la Roma. Las enormes vitrinas, rodeadas de neón, con disfraces de camarera y mujer policía, no me estaban ayudando en el asunto.

Titubeé. ¿Qué parte de evitar una sexshop cerca de mis propios rumbos no había entendido? Mi amiga no se detuvo ni un minutito.
Ven, ven, vamos, decía mientras me arrastraba. Miré con rapidez a ambos lados de la calle y entré.

Dentro actué con gran maestría: recorrí los pasillos de disfraces mirándolos como vestidos de diseñador y pasé la mano sobre lubricantes de todos colores y sabores mirando con aires de grandeza.
Ay obvio, este es termoactivo. Eso del calorcito es lo de hoy. dije

Entonces sucedió justo lo que me temía: una señorita de lo más mona se acercó con la típica pregunta
¿Buscabas algo?
Con las mejillas rojísimas intenté contestar como si nada pasara.
Eh no.. estamos viendo… bueno sí… no sé.. me dijeron de una ¿cosa?..
¿Cómo diablos se le decía para seguir siendo políticamente correcta? ¡¿dildo… vibrador… conejito?!
Sonrío casi condescendiente y soltó su letanía casi sin respirar:
«Aquí están los dildos. De este lado están los manuales por si estás empezando, aquí tenemos los que funcionan con pilas para quien le gusta la vibración, los hay pequeños, como de bolsillo, a la izquierda están los de doble función para la estimulación anal, de aquel lado tenemos los aros, las vaginas de látex para tu novio y… ».

Para ese momento yo estaba al borde del paro respiratorio. Joder. ¿Teníamos que hablar del asunto con tanta… familiaridad? ¿Y vamos, si tuviera un novio estaría aquí metida? Chale. Tanta atención me ponía muy nerviosa.

Mientras tanto, mi amiga se divertía horrores tocando todos los productos que tenían un agujerito en la cajita con la leyenda “Try Me”.
Ven ven.. toca.. está buenísimo me decía saltando de aquí para allá
¡Obvio no! Por más que trataba de mantener la compostura, no podía ni pensar en eso de meter el dedo para comprobar si la textura del aparato en cuestión era la adecuada o no.

Finalmente, me enseñó la sección de los Rabbits, que de conejitos y estéticos tenían muy poco. Una tras otra, abrió las cajitas. Falos azules, morados, transparentosos y en su versión natural. Cada uno con un movimiento increíblemente sofisticado.
Rabbit, decía como en clase de Biología, además de vibrar y alcanzar directamente el punto G, tiene unas “orejitas” que estimulan el clítoris.

bd_203v01-post.jpgLo tomé y abrí los ojos como platos. Era enorme, rosa y ¡se movía!. Con más de 20 velocidades dirigía las orejitas, la colita y el cuerpo entero en distintas direcciones al compás de un montón de luces que prendían y apagaban con ritmo de antro. Joder, pensé, a esto sólo le falta la sirena.

Muerta de la vergüenza fui al mostrador. Con cierta impaciencia saqué la tarjeta de crédito. Era tal la prisa que a la hora de ver el voucher no pude ni replicar: ¡$1300 pesos! Tragué saliva y firmé. A ese punto no me iba a poner a buscar algo más baratito.

Con la bolsa negra entre la manos, como con un tesoro robado, llegué a casa. Me senté en la cama y abrí el paquete con la emoción de una quinceañera. Puse las pilas, lo coloqué sobre el buró, apreté un botón y miré curiosa. Se movía mientras destellaba por todos lados. ¿Dónde jodidos iba yo a guardar el juguetito este? No pude evitar pensar en la señora de la limpieza. Arrugué la nariz. Apagué el aparato. Me metí a las sabanas, me tapé y cerré los ojos.
Esta noche no, me dije.
Creo que necesito tiempo para acostumbrarme a la presencia de mi nueva “mascota” en casa.

Ilustraciones: Arthur de Pins

La Conejita no supo cómo justificar el cargo de 1300 de “sexalgo” en el estado de cuenta que su mamá jura que está equivocado.